Costumbres que se heredan y pesan más que la Genética

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Seguramente has escuchado «nuestros padres nos heredan su genética» y con ello, nos transmiten sus enfermedades previas. Es típico que en consulta o atención de salud (con médicos, nutricionistas u otros), se le pregunte a la persona si sus parientes han padecido alguna enfermedad y ya con ello dar por fijo de que las personas sufrirán las mismas condiciones de salud, pero no siempre es así. 

El entorno familiar donde cada persona crece, tiene características específicas, diferentes y complejas, conformada por la dinámica del hogar, siendo esta la forma en cómo los integrantes de dicha familia se relacionan entre si, la manera en que se vinculan con los alimentos, horarios de comidas, selección de productos y significados o simbolismos que le dan al acto de comer, por ejemplo: comer en familia los domingos, platillos altos en carbohidratos refinados, ya que representa un momento de vinculo emocional, un espacio para compartir las experiencias de la semana, pero con alimentos reconfortantes y exquisitos. 

Algo que si es real, heredamos un porcentaje de esos componentes genéticos de nuestros padres, pero no significa estrictamente que nuestro destino sea padecer las mismas enfermedades que ellos, excepto si quedamos en iguales condiciones de vida que nuestros parientes y si repetimos sus conductas o estilos de vida. Tal es el caso de aquel hogar en el que se acostumbraron a comer acompañado con bebidas gaseosas o azucaradas a diario y cada semana, moldeando poco a poco ese hábito y siendo transferido a los hijos. Esos padres bebedores de productos azucarados, tarde o temprano padecerán enfermedades cardiovasculares o metabólicas (como la diabetes), pero si esos hijos replican el mismo comportamiento, serán candidatos directos a tener iguales enfermedades pero en edades más tempranas. 

«Esos padres bebedores de productos azucarados, tarde o temprano padecerán enfermedades cardiovasculares o metabólicas (como la diabetes)» 

Si analizamos la forma de comer en el hogar, nos podremos dar cuenta de las características del hábito alimentario, por ejemplo, cuando se desayuna emparedados con embutidos y margarina, tomar café con exceso de azúcar, almorzar fastfood o comida rápida alta en grasa, azúcar y sodio, merendar dulces o postres, cenar tarde de noche comidas abundantes altas en carbohidratos, entre otras prácticas alimentarias. Este estilo de alimentación pro inflamatorio precursor de enfermedades, es en la mayoría de las veces, aprendido en el hogar y reforzado por el ritmo de vida acelerado en conjunto con una alta oferta de productos ultraprocesados o refinados. Considerando esto, observamos que heredamos las costumbres de nuestro entorno y esto, pesa más que la propia genética. Tal vez nuestros padres no tengan enfermedades pero nos enseñan a comer de una forma en particular y con el tiempo, esas costumbres evolucionan en alguna enfermedad. 

La educación nutricional es una herramienta fundamental para enseñar mejores hábitos de consumo, implementando además un estilo de vida sostenible en el tiempo, acorde a nuestras necesidades y nivel de recursos, sobre todo, enfocado en la prevención. La manera de comer que tengas ahora, puedes transmitirla hacia los que vendrán después de ti, en forma de conocimiento y prácticas, siendo esto independiente de tu carga genética. 

Siembra hábitos saludables y en el futuro, cosecharás vidas más saludables alejadas de muchas enfermedades. 

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